CAMBIOS EN LA CONVIVENCIA FAMILIAR DURANTE LA CUARENTENA

El modo de la convivencia familiar durante la cuarentena por COVID-19 ha cambiado en nuestro país y a nivel mundial. Parte de las dinámicas familiares se han tenido que reconstruir, poniendo a prueba nuestra tolerancia, capacidad de comunicación, manejo de la angustia y desarrollo de vínculos cercanos.

Las relaciones familiares han sufrido una reestructuración tan rápida y compleja, más allá de lo que imaginamos, el conocernos y reconocernos es un mismo espacio y tiempo, donde convergen actividades del hogar, trabajo, escuela, recreación o esparcimiento, nos lleva a exponernos frente a los otros con más defectos o quizá con más virtudes, y singularmente más humanos, más propensos a mostrarnos realmente como somos.

De modo individual nadie estaba preparado para esto, y por consecuencia, las familias tampoco. Nuestras emociones están fluyendo de una forma disparada y distinta a la acostumbrada, y este nivel de reacción o respuesta llega a determinar nuestra condición de convivencia.

“La cuarentena implica actuar sobre la propia reactividad e impulsividad”, llegó a señalar el psicoanalista y doctor en Filosofía Luciano Lutereau.
Si bien, en algunos momentos nos ha invadido la preocupación e incertidumbre, también en otros se ha abierto la posibilidad de identificar más certeramente qué es lo que nos interesa y qué es lo que les interesa a los que tenemos cerca. Lo cotidiano está marcado por una serie de hábitos, costumbres, gustos y rutinas, que a lo largo del tiempo se han adherido a nosotros, y ya son parte de nuestra esencia, que prácticamente pasan inadvertidos para nuestros ojos, simplemente automatizan nuestra forma de pensar y actuar, sin embargo, cualquier cambio o alteración circunstancial, como lo es este momento de pandemia, nos mueve, nos irrumpe y nos acerca a conocer qué tan apegados estábamos a esa forma vida que está cambiando.
Por su parte, el círculo familiar es el contexto que puede ser el más íntimo pero también tan intempestivo donde estamos probando estos cambios, es nuestro laboratorio más cercano en el que experimentamos.

Sin embargo, nos invade el deseo de que cuando termine el caos, podamos retomar parte de nuestra rutina y hábitos, y será tan cierto también que no soltaremos aquello que en el camino ha cambiado y lo creemos necesario o atractivo.
Nuestros hogares, señalan los especialistas en ciencias sociales, se convirtieron en escenario de una convivencia forzosa de largas horas, nada común en los núcleos familiares y determinar los efectos será un desafío enorme. Mientras tanto, desde el rol que estemos viviendo cada uno, podemos descubrirnos y solidarizarnos frente al otro, para vencer las adversidades, a veces con valentía y otras con temor, intentando generar relaciones más fuertes, vincularnos con más respeto, tolerancia, amor y sobre todo empatía.

Por:
Berenice Rodríguez